Presentación. Primera parte. Desde las entrañas de Bajo el volcán
al "furor" de Cien años de soledad
Primera parte
PRESENTACIÓN
Los secretos de Gabriel García Márquez sobre la escritura
de Cien años de soledad
La leyenda del "nacimiento" de Cien años de soledad se urdió en una "estratagema" parodiada de dos importantes novelas de la literatura universal: Los papeles de Aspern, de Henry James, que inspiró la idea y la trama. Y, el capítulo VIII y otros apartes de Bajo el volcán y de la correspondencia de Malcolm Lowry, de los cuales se parodió el desarrolló del libreto, un guión cinematográfico o, ¿sería mediático?
Esa "estratagema" ha sido mantenida en total misterio y secreto por quienes lo urdieron: Mercedes Barcha, en primer lugar, con la confabulación y realización de su esposo Gabriel García Márquez y su amigo íntimo, Carlos Fuentes.
¿Misterio y secreto? Hasta ahora que, tras cuarenta años de silencio, Carlos Fuentes se atrevió a exponerlo públicamente en su hermético texto de alquimia literaria, el que leyó en el homenaje a su amigo el 24 de abril de 2007, en Cartagena y, cuya lectura me condujo a desentrañar las claves y pistas que permiten revelar las maravillas de esa "estratagema", así como muchos otros asombros macondinos.
El cuento de cómo y cuál fue el proceso para descifrar ese misterio y secreto es lo que voy a contar en los capítulos de esta primera parte, el cual, por asombros de simpatía alquímica y por "la magia natural" y "furor" de la imaginación, se inicia nueve días antes de la lectura de ese discurso.
El 16 de abril de 2007 caí en el trance de una hipótesis descabellada y le propuse un "juego de abalorios" literario, a través del correo electrónico, al Maestro y amigo LECTOR LUDI, Gustavo Arango Toro, profesor de literatura latinoamericana en una universidad en los Estados Unidos, para que jugáramos a desvelar cuál podría ser la identidad de la persona real que pudiera haber inspirado el personaje de Melquíades en Cien años de soledad. Al fin y al cabo, eran las vísperas del homenaje que le celebrarían a Gabriel García Márquez con motivo de cumplir sus ochenta años y cumplirse cuarenta de la publicación de Cien años de soledad.
Los motivos para emprender este juego podrían ser tan sencillos o tan complejos como se quisiera: ¿Si los críticos literarios habían demostrado que las novelas posteriores a Cien años de soledad tenían una gran riqueza intertextual, por qué nadie había dicho nada del palimpsesto sobre el que Gabriel García Márquez había escrito ésta, su más importante novela, de la cual, Melquíades, era uno de sus personajes más extraños y sugestivos?
Ese era un buen motivo para jugar a desvelar misterios y palimpsestos, uno de los tantos goces y novedades que ofrecen la lectura "iniciada" de la literatura a los LECTOR LUDI.
La historia comenzó así:
Gustavo Arango había escrito el mejor libro sobre la temporada que en su temprana juventud pasó Gabriel García Márquez en Cartagena, titulado muy bellamente: Un ramo de no me olvides. García Márquez en El Universal, en el cual destacaba la importancia que dos hombres mayores, Clemente Manuel Zabala y Gustavo Ibarra Merlano, habían tenido sobre la primera formación cultural y literaria, de Gabriel García Márquez, ya que fueron ellos dos quienes lo iniciaron en la lectura disciplinada de la literatura clásica y moderna. Por esas razones, le propuse que Melquíades podría tener algo que ver con el primero de ellos.
En su primera respuesta, Gustavo Arango amplió la lista a otras personas y nombres que podrían estar asociados con el personaje de Melquíades, pero, hizo el siguiente comentario:
"Me parece que el personaje le debe más a las lecturas sobre alquimia y ocultismo que García Márquez estaba haciendo por los tiempos en que escribió la novela".
Sobre el asunto de la alquimia y el ocultismo en Gabriel García Márquez recordaba haber leído algo, lo que inmediatamente corrí a verificar y comprobé que, a pesar de la pertinencia de un breve ensayo sobre el tema, publicado y leído tiempo atrás, este poco más aportaba a la identificación del personaje que estábamos buscando.
Las casualidades no existen, pero, por casualidad, yo había escuchado en el preciso momento en el que Carlos Fuentes leyó su discurso en Cartagena durante el homenaje a los 80 años de Gabriel García Márquez y los 40 de Cien años de soledad, el 24 de abril de 2007, en el que el escritor mexicano recordaba la anécdota de un viaje hacia Acapulco durante el cual vio la transfiguración que aquel sufrió en un momento y lugar posterior a "una fonda de Tres Marías" y que fuera el momento en el que Gabriel García Márquez sintió que ya tenía en su mente toda la novela y que tenía que sentarse a escribirla.
Durante los breves instantes que duró la lectura de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, su esposa Mercedes Barcha y el mismo Carlos Fuentes, intercambiaron una serie de cómplices gestos como si fueran tres muchachitos o cómplices o viejos maestros alquimistas recordando las agonías y los éxtasis de la época de su iniciación y que ahora, públicamente, con malicioso alborozo y en un código que sólo ellos entendían, contaban el jugoso secreto en un código que sólo ellos podían descifrar.
Nada aparentemente extraño, porque, para quienes no conocían la clave, aquello parecía ser sólo parte de un festivo regocijo y, dadas las circunstancias, nada fuera de tono.
Sin embargo, al recordar aquel momento y cuando ya estaba en mi "juego de abalorios" con Gustavo Arango, volví a repasar en mi mente aquellos gestos y celebraciones y me parecieron más significativos y exagerados que todos los demás que ellos habían expresado durante el resto del discurso y de la ceremonia. Allí había sucedido algo extraño, algo que, ese daimon de la certeza/duda que me habita desde siempre, se empeñaba en decirme que dudara que desvelara.
No estaba equivocado mi daimon, porque me pareció extraña, no sólo la rememoración de aquella anécdota, sino que la misma, según recordaba, había sido contada por Mercedes Barcha, pero ocurrida durante otro viaje con la familia a Cuernavaca.
Así que compré la edición conmemorativa de Cien años de soledad, editada por la RAE, en la cual se incluía el texto completo del discurso de Carlos Fuentes y lo leí con todas las fuerzas de mi atención, mis dudas y mis certezas y, al llegar a la parte de la anécdota y luego de leerla varias veces, mi extrañeza crecía.
En aquella parte del texto y en el sonido de mi lectura, la musicalidad se alteraba y escuchaba la emergencia de otros acordes, para nada disonantes que, ocultos tras la armonía de la melodía principal, contaban otra historia.
Separé la sección del discurso en el que se contaba la anécdota, junto con los párrafos anteriores y posteriores. Los volví a leer, prestando especial atención a la musicalidad. Si, allí se producía un cambio melódico que separaba esos apartes del resto del texto y podía asegurar que eran tres movimientos de una pieza musical con una composición diferente a los demás movimientos, pero consciente de que todo el discurso estaba dirigido hacia el mismo objetivo: hablar de un secreto encriptado.
En esas condiciones, el texto completo de aquel discurso se transformaba en un simbólico mural de sombras, la proyección de una película o teatro de sombras sobre un gigantesco muro, en el que cada secuencia, cada acto y cada escena, son pista y clave del sentido total.
"Un mural", un mural de sombras, para llamarlo con la misma fórmula o motivo con el cual Malcolm Lowry (1909-1957) lo nombró en Bajo el volcán, quienes serán los protagonistas de este proceso de desvelos:
"La llamarada iluminó toda la "cantina" con un resplandor en el que las siluetas de la barra [...] parecieron congeladas por un instante: un mural" (BV: cap. I, p. 64) (1).
Había que analizarlo. Así que empecé, como aprendiz de Champollion, por los elementos conocidos y conectables.
Separé esos tres movimientos: la referencia a Kafka, la anécdota y el relato de Carlos Fuentes de su viaje a Europa.
¿Cuáles podrían ser las conexiones y correspondencias entre estos tres asuntos, tan aparentemente desconectados, pero tan musicalmente compactos y el resto del discurso?
Volví a leer la anécdota y me llamó la atención el que allí se hablara de "los precipicios del Cañón del Zopilote" y se hizo la Luz.
Mejor dicho, se iluminaron, en lo más oscuro de mis tinieblas interiores, las conexiones y correspondencias existentes entre esa carretera construida en las faldas de "los dos volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl" (1), tutelares de México y lo de “zopilote”, con aquello de la Cábala, de la alquimia y del ocultismo.
Había encontrado la clave por medio de la cual podía descifrar, no sólo los códigos secretos del texto de Carlos Fuentes, sino y lo más importante, el palimpsesto a partir del el cual se había inspirado Cien años de soledad.
Ahí estaban, ante mis ojos deslumbrados, los cuerpos desnudos de las referencias que Carlos Fuentes hacía de la novela Bajo el volcán, de las cartas de Malcolm Lowry y de la semblanza biográfica sobre Lowry escrita por Conrad Knickerbocker.
La primera clave: Bajo el volcán, fue escrita por Malcolm Lowry con deliberada intención cabalística, ocultista, mágica, alquímica, etc., como el mismo escritor explicó en sus cartas a los editores y como lo demuestra ampliamente, Perle S. Epstein, en su libro, El laberinto privado de Malcolm Lowry, el que había leído fascinado en mi época de lecturas de las novelas y correspondencia de Malcolm Lowry.
La segunda clave: ¡Claro!, la correspondencia. En una carta, Malcolm Lowry, narraba las kafkianas desventuras que le tocó sufrir durante un viaje a México en 1945, cuando apenas esperaba que Bajo el volcán se publicara en inglés.
En aquella parte del texto, en el cual Carlos Fuentes hablaba de Kafka, él narraba, casi con las mismas palabras, una de las situaciones que Malcolm Lowry contaba en su carta: las de un viaje que en 1938 se propuso realizar en un barco de la Panamá Pacific Line desde Acapulco para resolver un absurdo enredo con su visado de turista (2).
Por certera y secreta razón, Carlos Fuentes, había convertido el viaje y la situación de Malcolm Lowry, en su propio viaje con Gabriel García Márquez, precisamente, a Acapulco y, exactamente, a otro asunto de visado, para resolver el cual, Gabriel García Márquez, tendría que viajar a Panamá, en "un vapor inglés de la P. and O." (2).
La tercera clave: la carta de Malcolm Lowry al editor Jonathan Cape. Bien leída, muestra como las preguntas que se hace Carlos Fuentes, al contar su anécdota, se conectan y corresponden como referencias directas a apartes de la carta y a la novela de Malcolm Lowry y a lo que en ella significan “los zopilotes”.
La cuarta clave: La anécdota contada por Carlos Fuentes y Mercedes Barcha coincidían, de diferente forma, en el lugar: Cuernavaca (Quauhnáhuac), lo que se convierte en el indicio de una complicidad de ellos en la elaboración de una "estratagema" que también tenía que desvelar.
La quinta clave había que descifrarla por la lectura cruzada y el análisis genético literario de Bajo el volcán y Cien años de soledad, para así poder desentrañar ese palimpsesto, tal y como lo define Jorge Luis Borges, en Ficciones:
"En el que deben traslucirse los rastros -tenues pero no indescifrables- de la "previa" escritura de nuestro amigo".
Pero ese ya era un trabajo de fondo que no estaba en disposición de emprender, así que sólo hice una superficial aproximación para saciar mi curiosidad y emoción, la cual está expuesta en los capítulos de la segunda parte.
Faltaba un punto para completar el cuadro: ¿que tenía que ver el viaje de Carlos Fuentes a Europa, a Venecia, con todo este asunto?
La pieza clave para descifrar este punto la puso Gustavo Arango en el correo con el que acusaba recibo y luego de haber leído el texto de la demostración de mi hipótesis descabellada:
"Leyendo tu ensayo recordé un detalle que ha pasado más o menos desapercibido y es que las cartas que se escribieron GGM y Fuentes durante la escritura de Cien años de soledad están en Princeton, pero no hay acceso al publico como hasta el 2015.
Otros materiales de Fuentes solo estarán disponibles después de su muerte.
Siempre me he preguntado la razón del misterio.
Estoy seguro que allí se podrían encontrar claves que hacen eco de lo que dices.
La carta de Lowry a su editor es una lección sobre el arte de escribir novelas y también una lección de dignidad artística. Es imposible pensar que la gente en México en aquel tiempo no lo hubiera leído con toda atención".
En el intercambio epistolar México-Europa que sostuvieron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, durante todo el proceso de escritura, está, como dice Gustavo Arango, la revelación del misterio del origen y la carpintería de Cien años de soledad.
Así que, los intrigantes buscadores de arcas perdidas, tendrán que esperar hasta entonces.
Mientras tanto, disfruto mí ya no tan secreto placer de sentirme el vikingo que descubrió el continente del "realismo mágico", mucho antes que Colón y sin que nadie lo registre para la historia oficial.
Para dejar constancia y acabar de contar todo este cuento, tal como fue. A ello están dedicados los ocho capítulos de la primera parte de este libro.
NOTAS
(1) Malcolm Lowry, Bajo el volcán, Tusquets, Barcelona, 1997.
(2) De la correspondencia de Malcolm Lowry: Malcolm Lowry, el volcán, el mezcal, los comisarios, Tusquets, Barcelona, 1984.
(2) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007.
viernes, 15 de agosto de 2008
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