Primera parte. Cap. 4. Desde las entrañas de Bajo el volcán
al "furor" de Cien años de soledad
Primera parte
Capítulo 4
Aquelarre de magos:
Bruno, Lowry, García, Márquez, Julio Cortázar
Con todo lo ya descifrado, las siguientes citas del discurso de Carlos Fuentes tienen que contener otras pistas y claves que permitan esclarecer otras partes de los misterios y secretos tras los cuales se ocultan las historias del génesis de Cien años de soledad y que bien pueden o no ser parte de la "estratagema" de Mercedes o, quizás, otras historias que tienen que ser desveladas.
A continuación voy a descifrar otras dos de las referencias del discurso de Carlos Fuentes: una, la cita del concepto del presidente francés François Mitterrand sobre Gabriel García Márquez y sobre Cien años de soledad. Otra, aquella en la que, exactamente después de la carta de Gabriel García Márquez, se anuncia el fin de la escritura de Cien años de soledad y se cuenta la historia de la carta que Carlos Fuentes le envía a Julio Cortázar a Saignon, una aldea al sur de Francia, por medio de un primitivo servicio de correo, con el fin de celebrar y compartir el advenimiento de Cien años de soledad y las implicaciones de lo escrito en ella.
En primer lugar, es necesario contextualizar las citas de François Mitterrand en el texto de Carlos Fuentes. Primero. Esto fue lo escribió Mitterrand en sus memorias sobre Gabriel García Márquez y Cien años de soledad:
"[...] un hombre parecido a su obra: sólido, sonriente, silencioso..., dueño de un desierto de silencio como solo las selvas tropicales pueden crear"[...] "Desde que leí Cien años de soledad -añade Mitterrand- la obra me ha embrujado" (1).
Luego, Carlos Fuentes explica su apreciación sobre los conceptos de François Mitterrand y narra el periplo de Gabriel García Márquez hasta su arribo a México y relata una extraña y mágica anécdota, justo antes de empezar a contar las anécdotas kafkianas:
"Juntos entramos al Museo de Antropología. Juntos indagamos el misterio de la Coatlicue, la diosa madre de los aztecas, representada en un masivo monolito cuyos terribles elementos -serpientes, calaveras, manos laceradas, sexo impenetrable- le proclamaban a la ciudad y al mundo:
- Yo soy Venus. Yo no soy una diosa humana. Yo soy diosa porque "no soy" humana.
Entonces, después de diez minutos de contemplación, García Márquez dice:
- Ya entendí a México.
Que es algo más de lo que podemos decir los mexicanos, constantemente sorprendidos por un país que no acabamos de descubrir pero en el cual García Márquez se acomodó con la sabiduría de hechicero que le atribuía Mitterrand" (2).
Descomponiendo la cita por partes, me pregunto: ¿Qué papel juega aquí esa Venus/Afrodita, que es la diosa del amor griego, romano y renacentista que une cuerpo y espíritu, cielo y tierra, y la que, a su vez, es también una diosa azteca del tiempo y la creación y un elemento alquímico?
Esa Venus/Afrodita, más conocida en las mitologías europeas, sin embargo, también hace parte de las tradiciones mesoamericanas y alquímicas:
"Conocida es la gran importancia de Venus y del ciclo venusiano en las antiguas civilizaciones centroamericanas, y especialmente entre los mayas y los aztecas, tanto para el establecimiento del calendario como para su cosmogonía, estando el uno y la otra íntimamente ligados, por otra parte" (3).
En la tradición alquímica se usa para denominar un material alquímico:
"El color verde se suele asociar al cobre y sus compuestos y a Venus (lagarto verde o colcótar; a saber, óxido o vitriolo de hierro; león verde = cobre; lobo verde = vitriolo férrico)" (4).
Si se conectan estas referencias como correspondencias de esas tradiciones con los significados que adquieren en el contexto del discurso, lo que Carlos Fuentes está trazando en esta parte de su texto es un círculo en el cual se encierran la magia renacentista, la alquimia y la brujería.
Entonces, ¿Cuál es esa magia renacentista y quién es el "hechicero", el "mago", cuya obra "embrujó" a Mitterrand a través de Cien años de soledad?
El origen de esa magia renacentista es revelada, sin ninguna duda, por las mismas palabras del propio François Mitterrand, quien sabía qué y por qué lo decía, ya que según Carlos Fuentes es:
"Seguramente un hombre tan perspicaz como este francés esencial, que por serlo jamás dijo una tontería".
En todo texto hermético los verdaderos significados se ocultan por medio de las relaciones metafóricas, alegóricas o analógicas de palabras claves y sus correspondencias con palabras de otros textos.
Para realizar mi proceso de descifrado, selecciono, de lo escrito por François Mitterrand, dos oraciones a las que considero claves por su sentido metafórico y por sus potenciales conexiones intertextuales con otros textos. Ellas son: "desierto de silencio" y "selvas tropicales".
Mi decisión se fundamenta en que palabras y oraciones similares ya habían sido escritas, tres siglos atrás, por un "mago", un "hechicero", conocido y trágico y porque con ellas, François Miterrand, establece una referencia, una conexión y una correspondencia con ese personaje, a quien admiraba por "mago" y "hechicero" y "hereje" y, de esa forma, genera una comparación y una conexión de méritos y potencias compartidos con Gabriel García Márquez.
Dadas mis simpatías alquímico literarias, no me fue nada difícil decidir que ese "mago" y "hechicero" y "hereje" era Giordano Bruno, el monje incinerado en las hogueras de la Inquisición, acusado de poseer esas condiciones.
Giordano Bruno fue maestro de filosofía, nemotécnica y de "la magia natural" y en obras suyas como Los heroicos furores y De Imaginum, signorum et idearum compositione, enseña sobre los misterios del poder de la "magia natural", el "furor" de la imaginación, flamante y luminosa, como es el máximo poder por el cual se logran las mayores proezas de la mente humana. Una portentosa y deliciosa conexión.
Esto es lo que escribió Giordano Bruno en Los heroicos furores. Llamo la atención sobre las dos oraciones que ya señalé en el texto de François Mitterrand: "desierto de silencio" y "selvas tropicales", para las cuales encuentro su equivalencia en el texto de Giordano Bruno, cuando él escribe: "hacia la espesura" y a continuación, "desierto". La primera oración una cita directa de los primeros versos de Dante en la Divina comedia, porque con ellas, además, se conectan ese diálogo de Giordano Bruno y el concepto de François Mitterrand y, de allí, retornamos a la selva de Bajo el volcán:
"He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Giordano Bruno, Los heroicos Furores, I, 4).
En el diálogo de Los heroicos Furores, Giordano Bruno exalta las bondades y potencias del "furor" de la imaginación, mientras que en De Imaginum, signorum et idearum compositione, enseña y explica, de forma más explícita y práctica, los procesos mediante los cuales es posible desarrollar el poder de la "imaginación animada mágicamente":
"La potencia imaginativa es como un pintor, esto es, como el consolidador de imágenes infinitas, que fabrica haciendo múltiples combinaciones con las cosas vistas y oídas. Fácilmente empero podemos conocer a la imaginación, que se rige por las leyes de la razón; siempre muestra y manifiesta, ciertamente, en la superficie de los sentidos el orden y la trabazón más idóneas de miembros con miembros. Más nosotros también enseñamos... el arte que de todas las cosas hace todas las cosas" (Giordano Bruno, De Imaginum, signorum et idearum compositione).
Una explicación contemporánea para esa "magia natural" de Giordano Bruno la ofrece Patrick Harpur:
"La ascensión de la escalera daimónica exigía un "furor" de amor -una mezcla de fiera meditación, magia ritual rigurosa e imaginación intensa, apasionada-, para tomar por asalto "las negras puertas de diamantes" de la psique profunda y liberar visiones, revelaciones e incluso poderes sobrenaturales" (5).
Cuál mejor y más extraordinaria explicación para aquello de "la sabiduría de hechicero que le atribuía François Mitterrand" a Gabriel García Márquez y al embrujo de Cien años de soledad.
Se desvela entonces la emergencia y la operación de la hermética "magia natural" renacentista del poder de la imaginación enseñada por Giordano Bruno, la que Malcolm Lowry procesa en Bajo el volcán y que Gabriel García Márquez magnifica en Cien años de soledad.
He aquí un aquelarre de "magos y hechiceros": Bruno, Lowry, García Márquez, Fuentes y, ya viene, Julio Cortázar.
Hay que explicar ahora la conexión y correspondencias alquímicas que conectan al maestro Malcolm Lowry con sus alumnos e iniciados: Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Julio Cortázar, que ahora entra en la escena.
Si bien al principio, la referencia a Julio Cortázar y a la carta que le envía Carlos Fuentes a Francia en el momento del advenimiento de Cien años de soledad, me sugería especular sobre varias y posibles alternativas. Una de ellas, la que me parecía más plausible y que me permitía intentar un proceso de interpretación lo más ajustado posible con el contexto del discurso de Carlos Fuentes, fue la que resolví de la siguiente manera:
Opté por devolverme unas líneas, hasta donde se cita a François Rabelais en la carta de Gabriel García Márquez, a la que sigue esa amplia explicación sobre el domicilio francés de Julio Cortázar y con ello abducir que ambas cosas tenían que estar relacionadas. En estas condiciones sólo me quedaba hacer una interpretación plausible:
Dada esa relación habría que considerar que François Rabelais y Julio Cortázar eran uno y el mismo, un alias, un sobrenombre, un nombre en clave, con el cual se ocultaba una identidad real como parte de la "estratagema" de Mercedes.
Nada era imposible. La disciplina, los estados de escritura y su categoría de "iniciado alquimista", con los cuales se podría también definir a Julio Cortázar, bien podrían corresponderse con las disciplinas del maestro Malcolm Lowry. La obra publicada de Julio Cortázar, a ese momento, también lo elevaban a la categoría de "mago" y "hechicero" de la imaginación. Razones por las cuales era justo ese reconocimiento "a nuestro grande y común amigo", lo que me hizo pensar que Julio Cortázar también formó parte y participó de la "estratagema".
Sin embargo, había un asombro mayor que emergía de esa carta de Carlos Fuentes a Julio Cortázar y el cual se hacía patente mediante otra lectura, una lectura que desvela, palabra a palabra, las simpatías alquímicas, las conexiones y correspondencias de la "magia natural", cuando se incluye en el análisis y en la interpretación la enigmática expresión que Malcolm Lowry hace en la carta a Yvonne en el capítulo I de Bajo el volcán y en la que también se refiere a don Quijote como lo hace Carlos Fuentes en su carta a Julio Cortázar:
"... Pero, ¡ay del Caballero de la Triste Figura!, ¡oh Yvonne, me persigue tanto el recuerdo de tus canciones" (BV: cap. I, p. 61).
Pura alquimia literaria. Por ello recomiendo leer la trascripción que hago a continuación de cita completa de la carta a Julio Cortázar enfocando el "furor de la imaginación" y contando con unos buenos diccionarios sobre alquimia y "magia natural" a la mano, para así poder verificar los significados que en esas disciplinas tienen: imaginación liberadora, capturado, privado, enclaustrado, re-inventado, pasaje, mutación, generación, re-generación, exaltación, etc., así como de aquellas otras palabras relacionadas con las ya explicadas atrás: selva, llanuras, todo ello dentro del contexto de las frases en las que han sido incluidas.
Esta es la trascripción de la carta:
"Querido Julio:
Te escribo impulsado por la necesidad imperiosa de compartir un entusiasmo. Acabo de leer Cien años de soledad: una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si les hubiese dado la mano a todos mis amigos. He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar el mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!
Y añado: "Pero en algún rincón debe haber un Aureliano con su cruz de cenizas en la frente que venga a protestar contra la crónica del biznieto del coronel Gerineldo Márquez, corrija los inevitables errores y proponga una nueva lectura, radical e inédita, de los pergaminos de Melquíades. Un día, querido Julio, me hablaste de la novela como mutación. Eso es Cien años de soledad: una generación y una re-generación infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin.
Y qué sentimiento de que cada gran novela latinoamericana nos libera un poco, nos permite delimitar en la exaltación nuestro propio territorio, profundizar la creación de la lengua con la conciencia fraternal de que otros escritores en castellano están completando tu propia visión, dialogando contigo.
Dialogando con nosotros".
En el primer párrafo de la carta de Carlos Fuentes vuelvo a encontrar la conexión entre Los heroicos furores, Bajo el volcán, la carta a Julio Cortázar y Cien años de soledad, la cual se establece por medio de la referencia a don Quijote que hace Malcolm Lowry, porque es a través de ella que se transpone o superpone la idea de liberación y de conquista alcanzado por el "furor de la imaginación". Repito lo que escribieron.
Lo que escribió Giordano Bruno:
"He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles".
La referencia a don Quijote de Malcolm Lowry:
"... Pero, ¡ay del Caballero de la Triste Figura!, ¡oh Yvonne, me persigue tanto el recuerdo de tus canciones" (BV: cap. 1, p. 61).
Lo que escribió Carlos Fuentes:
"He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe intentar el mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas".
Como puede deducirse, el diálogo entre estos contertulios se hace intemporal, es un diálogo de maestros alquimistas, de "magos" y "hechiceros" de la literatura, todos ellos inspirados por el Opus Magnun de un gran maestro alquimista, cabalista, mago y hechicero: Malcolm Lowry y Bajo el volcán, quienes festejan la aparición de la Gran Obra con la que un iniciado se ha transmutado en maestro por el "furor" de la alquimia literaria: Gabriel García Márquez y sus Cien años de soledad.
Yo pienso que si, espero que ustedes también.
Pero todavía falta el mayor de los prodigios, demostrar:
¿Quién es Melquíades?
El primer paso, en el siguiente capítulo, será demostrar la certeza de la pregunta y de la respuesta que ya había anticipado en la introducción:
¿Quién es el personaje real y concreto que inspiró al personaje de Melquíades en Cien años de soledad?:
NOTAS
(1) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007, p. XVII.
(2) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad..., p. XVIII.
(3) Jean Chevalier/Alain Gheerbrant, Diccionario de símbolos, Herder, 1991, p. 1055
(4) Claus Priesner, Karin Figala (editores), Alquimia. Enciclopedia de una ciencia hermética, Herder, Barcelona, 2001, p. 158
(5) Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósofos, Atalanta, Girona, 2006, p. 197.
viernes, 15 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario