Segunda parte. Cap. 2. Desde las entrañas de Bajo el volcán
al "furor" de Cien años de soledad
Segunda parte
Capítulo 2
Mujeres que se elevan, zopilotes alquímicos, cruces de ceniza
En el contexto de esta búsqueda de conexiones y correspondencias entre Bajo el volcán y Cien años de soledad, las posibilidades están abiertas: imaginación delirante o directa y concreta. De eso se tratan las siguientes demostraciones.
Los motivos de los mitos, las leyendas, la poesía y la literatura son numerosos y, al mismo tiempo, materias comunes los unos de los otros. Así los análisis, interpretaciones y sentidos, puedan variar de acuerdo con las culturas, las circunstancias, los autores o los lectores, siempre será posible encontrar un origen común que los conecte y corresponda. O, por el contrario, cualquier análisis, interpretación o sentido, pueda ser sólo una abducción de la imaginación para una lectura lúdica cuya finalidad sea dotar de un nuevo sentido y desvelar conocimiento.
Invoco esas posibilidades al proponer las siguientes conexiones y correspondencias entre Bajo el volcán y Cien años de soledad como indicios probables de que Gabriel García Márquez utilizó la novela de Malcolm Lowry más allá de como un simple motivo para crear una leyenda que ocultara el origen de su novela. Qué, para la escritura de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez se inspiró en temas y motivos de Bajo el volcán para desarrollar sus propios temas y motivos.
A continuación expongo tres de esos temas y motivos comunes a las dos novelas: dos mujeres que son arrebatas y transportadas de esta realidad a otra como la Margarita del Fausto. Las conexiones entre una y otra novela a través de una cruz de ceniza en la frente. Y, la riqueza del símbolo de los zopilotes.
El motivo o símbolo de mujeres que vuelan o se elevan hacia el cielo no es extraño en las culturas, las mitologías o las religiones. Lo que si puede ser asombroso es que dos de estas mujeres elevadas en cuerpo y alma sean simétricas entre dos novelas que, por lo ya demostrado, se conecten y correspondan de muchas formas. Ambas mujeres se elevan, la una en un aleteo de sabanas como pájaros y la otra en un aleteo de pavesas como zopilotes.
La una, es Yvonne, la protagonista femenina de Bajo el volcán, quien es arrebatada y se eleva como los zopilotes hacia los confines del espacio.
La otra, Remedios, la Bella, uno de los personajes portentosos y más populares de Cien años de soledad, es arrastrada por un viento de luz y se eleva en cuerpo y alma en el aleteo de las sabanas. Ambas son, de esta forma, transmutadas en símbolos de símbolos.
Yvonne transmutada en símbolos, signos, escritura, una carta, papel encendido, "llamarada", mural de sombras, pavesas que se elevan, zopilotes ("como papel quemado que flota sobre una hoguera"), "el águila de Prometeo", Ave Fénix.
Remedios, la Bella, "de hermosura legendaria", "no era un ser de este mundo", "un cólico miserere", "a salvo de cualquier contagio", "inmune a la peste del banano", "Se estancó en una adolescencia magnífica, cada vez más impermeable a los formalismos, más indiferente a la malicia y la suspicacia, feliz en un mundo propio de realidades simples", "hembra perturbadora", "un hálito de perturbación, una ráfaga de tormento, que seguía siendo perceptible varias horas después de que ella había pasado", "el olor de Remedios, la bella, seguía torturando a los hombres más allá de la muerte, hasta el polvo de sus huesos", "no exhalaba un aliento de amor, sino un flujo mortal", "reina en el carnaval sangriento", "un prodigio de simplicidad", "el ser más lúcido", "un delicado viento de luz", viento irreparable", "pájaros de la memoria", abeja reina", "patraña de la levitación", "milagro", "exterminio", "presagio".
En Bajo el volcán, Yvonne es arrebatada para perderse en las alturas hacia los confines estelares del universo. Yvonne que retorna, un año atrás para ser arrebatada, doce horas después, en el vórtice de la tragedia.
En el capítulo II, un huracán de mariposas anuncia su arribo:
"[...] navegando rumbo a la bahía de Acapulco la noche anterior en medio de un huracán de inmensas y espléndidas mariposas que se abatían mar adentro para recibir al Pennsylvania" (BV: cap. II, p. 66).
En el capítulo XI, ese mismo huracán de mariposas es ya el presagio de su muerte y de su arrebato y transporte hacia las estrellas:
"[...] pero no eran constelaciones, sino de algún modo, millares de bellas mariposas, navegaban hacia la bahía de Acapulco en medio de un huracán de bellas mariposas que zigzagueaban en lo alto" (BV: cap. XI, p. 373).
Para que así, en Yvonne se cumpla el sino trágico que recorre las páginas de la novela al galope de un caballo con "el número siete herrado en la grupa" (BV: cap. XII, p. 412), al final del capítulo XI:
"Y abandonando el ardiente sueño, Yvonne se sintió arrebatada hacia las alturas y transportada a las estrellas, en medio de un torbellino de astros que se esparcían en lo alto en círculos cada vez mayores, como ondas en el agua, entre los cuales ahora aparecían, como una grey de aves diamantinas que volasen resueltas y con suavidad hacia Orión, las Pléyades..." (BV: cap. XI, p. 374).
En Cien años de soledad, Remedios, la Bella simplemente se eleva en cuerpo y alma, como milagro o, también, como presagio, y aunque en la novela no están numerados los capítulos, en el orden se corresponde con el capítulo XII, o sea, un capítulo después que en Bajo el volcán:
"Apenas habían empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.
-¿Te sientes mal? -le preguntó.
Remedios, la Bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.
-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.
Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerinas y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.
Los forasteros, por supuesto, pensaron que Remedios, la bella, había sucumbido por fin a su irrevocable destino de abeja reina, y que su familia trataba de salvar la honra con la patraña de la levitación. Fernanda, mordida por la envidia, terminó por aceptar el prodigio, y durante mucho tiempo siguió rogando a Dios que le devolviera las sábanas. La mayoría creyó en el milagro, y hasta se encendieron velas y se rezaron novenarios. Tal vez no se hubiera vuelto a hablar de otra cosa en mucho tiempo, si el bárbaro exterminio de los Aurelianos no hubiera sustituido el asombro por el espanto. Aunque nunca lo identificó como un presagio, el coronel Aureliano Buendía había previsto en cierto modo el trágico final de sus hijos". (CAS: p. 271-272).
Antes de pasar a mostrar las explicaciones que Malcolm Lowry hace del extraordinario evento en el que es arrebatada Yvonne a las alturas, quiero asentar otra prueba y llamar la atención sobre otro evento, quizás, más extraordinario todavía.
Esta es otra de las pistas y claves que da Carlos Fuentes en su discurso y que permiten establecer una conexión y correspondencia directa entre la escena de Yvonne y la de Remedios, la Bella y, en consecuencia, entre Bajo el volcán y Cien años de soledad. Con las pruebas que ya he aportado, no son ni coincidencias, ni casualidades, son el resultado de la deliberada "estratagema" de Mercedes y los astutos conspiradores.
Carlos Fuentes dice lo siguiente:
"Pero en algún rincón debe haber un Aureliano con su cruz de cenizas en la frente que venga a protestar contra la crónica del biznieto del coronel Gernineldo Márquez, corrija los inevitables errores y proponga una nueva lectura, radical e inédita, de los pergaminos de Melquíades" (1).
¿Podría ser una espontánea coincidencia o casualidad el que en Cien años de soledad, en las explicaciones de los eventos desatados por la escena de Remedios, la Bella, se hable de los hijos del coronel Aureliano Buendía, los Aurelianos marcados "con su cruz de cenizas en la frente"?
¿Por qué uno de estos Aurelianos y no ninguno otro Buendía?
Aquí, como lo escribió el mismo Gabriel García Márquez en esa escena de Cien años de soledad, se puede decir, se sustituye "el asombro por el espanto".
Asentada esa prueba, paso a mostrar las explicaciones que hace Malcolm Lowry sobre el arrebato de Yvonne hacia las estrellas, su relación con los zopilotes, esos personajes que sobrevuelan por las páginas de Bajo el volcán. Así como a establecer las conexiones y correspondencias con Remedios, la Bella que por medio de estos eventos puedan abducirse.
Las explicaciones a las relaciones de Yvonne con los zopilotes y la presencia de esas aves en Bajo el volcán las ofrece Malcolm Lowry en su carta a Jonathan Cape. La primera de ellas, cuando explica el capítulo I:
"Laruelle quema la carta del Cónsul y ese acto está balanceado poéticamente por el vuelo de los zopilotes ("como papel quemado que flota sobre una hoguera") al final del capítulo III y también por el incendio del manuscrito del Cónsul en el sueño agonizante de Yvonne en el capítulo XI" (2).
La carta es entonces transmutada en vuelo de zopilotes, y M. Laruelle en lector que incendia, quema la carta sin leerla y, por ello, será condenado a leer su propia lectura, a contar su propia historia renacida de las cenizas, para así ser encadenado al eterno castigo de los dioses: ser escrito y ser marcado indeleblemente con las cenizas del fuego secreto y sagrado en las frentes de los Aurelianos, de ese Aureliano que algún día retornará a reescribir los pergaminos de Melquíades.
Sobre ese final extraordinario o maravilloso del arrebato a las alturas de Yvonne en el capítulo XI, Malcolm Lowry ofrece las siguientes explicaciones en su carta a Jonathan Cape:
"Las visiones de Yvonne en su agonía se asocian con sus primeros pensamientos a comienzos del capítulo II y también del XI, pero el final del capítulo prácticamente rebasa los límites del libro. Yvonne imagina ascender a las estrellas: una idea parecida aparece al final del libro de Julien Green, pero mi noción proviene directamente del Fausto, donde Margarita asciende al cielo en poleas, mientras el diablo persigue a Fausto hasta el infierno. Yvonne imagina que viaja directamente, a través de las estrellas, a las Pléyades, en tanto que el Cónsul simultánea e incidentalmente se derrumba en los abismos" (3).
Fausto abre otro horizonte de interpretaciones cuando, al conectar Bajo el volcán con Fausto, se puede hacer lo mismo con Cien años de soledad.
O, más leña para esta hoguera, fuego al fuego. La llamarada que consume las cartas y desparrama sus pavesas por el universo. Las cartas, del Cónsul a Yvonne. ¿Los pergaminos de Melquíades? El resplandor que dibuja el mural de sombras de esta prometéica y proteica historia.
La narración de esa escena del capítulo I de Bajo el volcán es la siguiente:
"Estaba a punto de volver a colocar la carta arrugada en el libro cuando, un tanto distraído, aunque obedeciendo a un impulso repentino y preciso, la puso en la llama de la vela. La llamarada iluminó toda la "cantina" con un resplandor en el que las siluetas de la barra [...] parecieron congeladas por un instante: un mural" (BV: cap. 1, p. 64).
Luego, en el capítulo III, el motivo de los zopilotes es tratado así:
"También a enorme altura, advirtió que algunos buitres más gráciles que las águilas, aguardaban flotando en lo alto como los papeles quemados que escapan de una hoguera y a los que de pronto se ve volar, meciéndose, hacia arriba.
La sombra de un inmenso hastío se cernió sobre él... El cónsul se sumió con estrépito en el sueño" (BV: cap. III, p. 118).
Los zopilotes también vuelan al final del capítulo VIII de Bajo el volcán, con lo que, además de permitir la localización geográfica de "el Cañón del Zopilote" en el discurso de Carlos Fuentes, operan como símbolos prometéicos y proteicos que rebasan las páginas del libro:
"Incluso aquellos, pensó Hugh, que sin esfuerzo flotaban, elegantes, en el cielo azul por encima de sus cabezas: los buitres, "zopilotes", que sólo esperan la ratificación de la muerte" (BV: cap. VIII, p. 288).
Estas aves míticas que se anticipan al arrebato de Yvonne:
"Pero, como el amor y la sabiduría, el ave no tenía sede fija" (BV: cap. XI, p. 358).
Las aves que la remontarán hacia la estelar distancia:
"[...] y algunos las contemplarían con sensación de fugacidad, aunque sintiendo refulgir en su alma por un momento su brillo diamantino removiendo todo aquello que en la memoria es dulce o noble o valeroso o gallardo, al parecer en las alturas volando levemente como banda de aves rumbo a Orión, las benéficas Pléyades..." (BV: cap. XI, p. 360).
La explicación continúa tejiendo su red de conexiones y correspondencias con los zopilotes, desvelando con ello otros niveles de sentido:
"En cuanto a los "zopilotes, los buitres, añadiría que son mucho más que aves de cartón: en este lugar son una realidad; uno de ellos, por cierto, me observa mientras escribo y su mirada nada tiene de placentero: revolotean a lo largo de todo el libro y en el capítulo IX se convierten en un arquetipo, como el águila de Prometeo" (4).
Lo ya dicho: Un zopilote (¿Gabriel García Márquez, un aprendiz de brujo?) asentado sobre el hombro de Malcolm Lowry, que mira mientras escribe Bajo el volcán y que continúa revoloteando por todas sus páginas hasta emerger de allí transformado en "el águila de Prometeo", en el escritor que le robó el fuego a los dioses y el poder a la escritura.
NOTAS
(1) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007, p. XXIII.
(2) Malcolm Lowry, el volcán, el mezcal, los comisarios..., Tusquets, Barcelona, 1984, p. 42.
(3) Malcolm Lowry, el volcán, el mezcal, los comisarios..., Tusquets, Barcelona, 1984, p. 61.
(4) Malcolm Lowry, el volcán, el mezcal, los comisarios, Tusquets, Barcelona, 1984, p. 54.
viernes, 15 de agosto de 2008
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