viernes, 15 de agosto de 2008

Primera parte. Cap. 3. Desde las entrañas de Bajo el volcán
al "furor" de Cien años de soledad


Primera parte

Capítulo 3

El secreto de la "estratagema"
de Mercedes y Henry James



"Yo regresé a Europa en 1966 y me instalé en un "palazzo" veneciano para ver que se sentía al ser Henry James, aunque sin esperanzas de emularlo. Fue una temporada de intenso intercambio epistolar con los amigos, en aquella época anterior -muy anterior. al fax, al e-mail".

"Gracias a ello, conservo un maravilloso correo con Gabo en los momentos de la redacción de Cien años de soledad. Yo sabía que él dejó sus empleos, le pidió a Mercedes que llenara el refrigerador, echó candado a su casa y se sentó a escribir un proyecto -me dijo- que le tomó madurar diecisiete años y redactar catorce meses" (1).

Aquí se encuentran otras de las pistas y claves para descifrar el código secreto del discurso de Carlos Fuentes:

¿Qué relaciones, conexiones o correspondencias tienen entre sí y con todo este asunto, "un "palazzo" veneciano", Henry James, "un maravilloso correo con Gabo", Mercedes y "escribir un proyecto"?

Para romper el código en estos apartes hay que empezar por decir que Henry James, el maestro del misterio y del suspenso, es el autor de una célebre novela: Los papeles de Aspern, cuya trama se resume:

En un viejo "palazzo" veneciano, que sirve de escenario romántico a la historia , tres caracteres se enfrentan por el legado de Jeffrey Aspern (¿se podría transponer por Geoffrey Firmin, el Cónsul?), famoso poeta inglés: un editor apasionado en busca de los "papeles" de su autor favorito, una astuta mujer centenaria que fue amante del poeta y guarda celosamente esos "papeles" (¿Margerie Lowry, la viuda?), y la estúpida e ingenua sobrina, que se convierte en el eje de la lucha sorda y tensa entre el editor y la anciana. Toda la narración está envuelta en misterio, casi que suspenso que deja al lector asombrado y que confirma la teoría de James de que

"[…] toda historia, para ser buena, debería ser a la vez un retrato y una idea".

En este contexto, se puede pensar que los "papeles" de Aspern, son al mismo tiempo tanto Bajo el volcán, las cartas de Malcolm Lowry y la semblanza biográfica de Conrad Knickerbocker, publicadas en México en 1964 (2), así como, en menor grado, el "maravilloso correo" entre Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, durante el proceso de escritura de Cien años de soledad.

Para completar la pista y descifrar la clave, hay que preguntarse: ¿Cuáles son los significados y relaciones ocultos de la presencia de Mercedes (Barcha) y sus labores con esta historia?

Las respuestas se encuentran en el primer párrafo de la novela de Henry James:

"La única idea fecunda en todo el asunto surgió de los labios amigos de mistress Prest, a la cual había confiado el secreto. Ella fue quien urdió la estratagema y aflojó el nudo gordiano. En las mujeres no suele suponerse el don de elevarse a una visión amplia de un problema cualquiera. Sin embargo, desarrollan a veces con singular serenidad planes tan audaces como pudiera concebirlos un hombre" (3).

Aquí está "el nudo gordiano" en donde se ata y se desata el misterio de todo este asunto:

"Ella fue quien urdió la estratagema y aflojó el nudo gordiano".

Desde un principio, todo el cuento sobre el origen y el "nacimiento" de Cien años de soledad era la "estratagema de mistress Prest", urdido por Mercedes Barcha y desarrollado, en complicidad, por Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Una "estratagema" que involucraba a Malcolm Lowry, su permanencia en México, su escritura mexicana de Bajo el volcán, su correspondencia y, por supuesto, esa extraña y extraordinaria novela de Henry James.

La "estratagema" contemplaba, ocultar la verdadera historia tras otras tramas que desviaran la atención y, al mismo tiempo, la disimularan tras una máscara y de un laberinto de referencias herméticas y simbólicas que, si bien, no fuera imposible de descifrar, por lo menos fuera necesario el advenimiento de un iluminado iniciado acuciado por su daimón de la certeza / duda.

Lo que se pretendía con esta "estratagema" y en el orden en que he venido desvelándola, era crear un mito o leyenda que ocultara el influjo que la biografía, las cartas y Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, representó para el origen y "nacimiento" de Cien años de soledad.

En otras palabras, crear un mito, "otra realidad" alterna que se anticipara a los devaneos de la crítica y de la farándula literaria y que al mismo tiempo estuviera a la altura de esa "realidad macondina" de la novela.

Lo cierto es que en ese origen y "nacimiento" de Cien años de soledad, se realiza una operación de alquimia literaria, parodización incluida, de los escritos de y sobre Malcolm Lowry.

Lo que interesa ahora, es descifrar las pistas y claves que ocultan el momento, el lugar y los motivos del "nacimiento" de Cien años de soledad y cuáles son los materiales de Lowry empleados para ello.

Se construye una "estratagema" inspirada por la novela de Henry James. Se parodian las cartas de Malcolm Lowry a Jonathan Cape y Ronald Paulton. Y se inventa una anécdota, como si fuera un guión de película, reescrito a partir de motivos seleccionados del capítulo VIII, de Bajo el volcán, como ya lo demostré

De esta manera queda desvelada una gran parte del misterio, se podría decir, la parte mecánica y funcionamiento de todo ese ocultamiento.

Lo que no es posible hacer con los elementos desvelados, es descubrir, en su totalidad y pertinencia, los motivos por los cuales Gabriel García Márquez, Mercedes Barcha y Carlos Fuentes, inventaron este mito o leyenda, como se quiera llamar, y por qué quieren mantener el ocultamiento, así sea el de querer reírse del mundo exponiendo y ratificando la burla de su "estratagema", como lo hizo Carlos Fuentes en su discurso.

Ese es un misterio que habrá que esperar hasta que se levante el secreto y la reserva que se mantiene sobre la correspondencia sostenida por Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes en el período durante el cual se escribió Cien años de soledad.

Hasta aquí he analizado y explicado con total congruencia las pistas y claves inscritas en esas tres partes o movimientos musicales que separé del discurso de Carlos Fuentes y con lo cual he logrado desvelar sólo una parte del misterio:

El del momento y lugar del "nacimiento" de Cien años de soledad, así como la "estratagema" tras la cual se ocultó ese registro histórico.

Pero, sería ingenuo creer que eso es todo lo que el discurso ofrece como un texto hermético. Allí hay mucho más que descifrar. Pero, para hacerlo es necesario otro gran esfuerzo para el que ya se tiene por seguro lo que se ha descubierto.

Es necesario empezar por advertir que en todo este misterio y en estos secretos, hay elementos menos prácticos, concretos y sencillos de descifrar, como los ya desvelados, eso demuestra la inteligencia y la astucia con la que se urdió toda la “estratagema”. Sin embargo, no es una labor imposible.

Como en toda labor que pretenda romper un código secreto, será necesario realizar algunas especulaciones y aproximaciones que permitan descubrir las conexiones y correspondencias adecuadas que hagan compatibles y traducibles los elementos de lo ya descubierto con los por descubrir. Al fin y al cabo es un esfuerzo que vale la pena así sea sólo por el placer de legitimar los resultados obtenidos.

Así que para realizar esa segunda labor, empiezo por preguntarme:

¿Qué otro significado puede tener la presencia de Henry James y su novela Los papeles de Aspern en el asunto y cuál es su conexión con el fragmento de la carta que se cita inmediatamente?

Obvio, la respuesta debía estar en la misma novela de Henry James. Es una trama construida, de principio a fin, de impostura en impostura, mentiras de conveniencia que ocultan las verdaderas intenciones, mentiras plausibles que permitan encontrar y apoderarse de las cartas de amor y de los papeles de Jeffrey Aspern.

A partir de estas condiciones, la "estratagema" debía inventar una historia creíble, de buenas intenciones y mejores resultados, tal y como lograban los mitos que se habían inventado para ocultar del "nacimiento" y de la escritura de Cien años de soledad.

Esa era la parte de la "estratagema" de Mercedes en el mejor estilo de Henry James: ocultar una verdad contando una mentira tan plausible que el despistado investigador no tiene más remedio que creerla y desparramarla por todo el mundo.

Llama la atención que desde recién publicada Cien años de soledad se insistiera en el casi plagio que Gabriel García Márquez hizo de Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais (1494-1553), con lo cual se distrajo la atención sobre las verdaderas fuentes de su inspiración.

Además, esa mención a Rabelais en la carta que Gabriel García Márquez envía a Carlos Fuentes a Europa y que este cita en su discurso, no puede ser ni inocente ni inocua, tiene que tener muchos más significados que los que aparenta. Tiene que ser un aspecto importante en la urdimbre de la "estratagema" de Mercedes.

Esta es la cita de la carta de Gabriel García Márquez:

“[…] jamás he trabajado en soledad comparable, no siento más punto de referencia que, quizás, Rabelais, sufro como un condenado poniendo a raya la retórica, buscando tanto las leyes como los límites de lo arbitrario, sorprendiendo a la poesía cuando la poesía se distrae, peleándome con las palabras”.

“A veces me salta el pánico de no haber dicho nada a lo largo de quinientas páginas; a veces, quisiera seguir escribiendo el libro el resto de mi vida, en cien volúmenes, para no tener más vida que esta…” (4).

Pero, ¿por qué Rabelais y no Flaubert o el mismo Henry James o cualquiera otro de los grandes escritores que sufrieron trabajando sus obras "como un condenado poniendo a raya la retórica"?

Esa referencia volvió a desatar mi daimón de la certeza/duda, ahí había algo raro.

De acuerdo con la carta, la contradicción es evidente, porque, en la realidad histórica y literaria, François Rabelais no es precisamente el modelo ejemplar de escritor que pueda ser descrito: "sufro como un condenado poniendo a raya la retórica", no se corresponde en lo más mínimo con la intención que se invoca, la cual, para ser justos, sería mucho más compatible con Flaubert o con el mismo Henry James o con muchos otros grandes escritores reconocidos por lo esforzado de su trabajo literario y, por lo tanto, menos plausibles para la "estratagema" de Mercedes.

Sin embargo, para la intención que pretendían estos "confabulados literarios", François Rabelais si era el actor preciso para desempeñar ese papel en la trama, era el modelo plausible de la "estratagema" de Mercedes y el mejor para darle verosimilitud a la mentira que oculta. O, para ocultar otro de los confabulados, como más adelante mostraré.

Por una parte, porque en François Rabelais se encarna perfectamente eso de "buscando tanto las leyes como los límites de lo arbitrario" que el personaje oculto tras ese "alias" representa y, por la otra, porque su vida y su obra se correspondían con la intención, la naturaleza, al igual que con el tono "gargantuesco y pantagruelesco" de Cien años de soledad, bien ejemplarizados en Gargantúa y Pantagruel.

Abundando en detalles y, si se quiere, más ceñido a lo histórico, hay que recordar que François Rabelais se inspira directamente en el folclore y en la tradición oral popular. En 1532 publica, bajo el anagrama de Alcofribas Nasier, la primera de sus dos grandes y notables novelas: Gargantúa, para la cual utiliza, como palimpsesto e inspiración un texto anónimo de la época titulado: Las grandes e inestimables crónicas del gran Gigante Gargantúa (Les Grandes et inevitables chroniques de l'énorme géant Gargantua),una colección anónima de cuentos populares, a la vez épicos y cómicos, los cuales extraían sus fuentes de los libros de caballería de la Edad Media, en particular del ciclo artúrico.

Otra parte de la "estratagema que encajaba con precisión, porque, así, se abría la posibilidad a esa y a muchas otras alternativas de interpretación con las que se podían relacionar de manera verosímil François Rabelais y Cien años de soledad y, a partir de allí, ser compatibles con Faulkner (sus relatos se originan en una imagen), Hawthorne, Melville, Virginia Woolf y su Mrs. Dalloway, Joyce y su Ulises, a la que seguiría una interminable y aristocrática genealogía literaria, que todavía no ha terminado de construirse o, ¿será deconstruirse?, para, de esa manera, emparentarla con lo mejor de la gran literatura de todos los tiempos. Labor que han realizado, hasta la saturación, los críticos literarios.

Sí, en ese marco histórico y literario se podía implicar todo, cualquier cosa, menos la verdad verdadera, la real identidad que juguetona y deliberadamente se quería ocultar, la de quiénes eran los verdaderos protagonistas, esos que, ahora, herméticos y callados, se sonríen con burla, tras el mural de sombras, de pistas y de claves que, al romper el código encriptado en el texto del discurso de Carlos Fuentes, permiten desvelar el enigma.

No podía ser de otra manera, si mantengo la coherencia con los secretos y misterios que ya he desvelado en los capítulos anteriores, sé que, si bien, no puede afirmarse, irrefutablemente, que Cien años de soledad se haya escrito sobre uno o varios palimpsestos, a partir de una o varias inspiraciones, si tiene que ser cierto que en su nacimiento e inspiración, además de la desbordante imaginación de Gabriel García Márquez, de las historias familiares, los motivos del el folclore y de la tradición oral popular, tuvieron que estar presentes otras causas y motivos que expandieron sus grandes capacidades y habilidades de escritor. Algunas de esas causas y motivos son los que he demostrado y continuaré demostrando.

Volviendo a leer la cita de la carta sobre el "nacimiento" y la escritura de Cien años de soledad y aceptando que estos dos eventos si están íntimamente conectados con Bajo el volcán y con Malcolm Lowry, esa será exactamente la conexión y las correspondencias que se tratan de ocultar con la "estratagema" de Mercedes.

Ocultar ese Gabriel García Márquez que se identifica a plenitud con Malcolm Lowry, el escritor poseído por la escritura y por su obra. Un Lowry que desde las páginas de Bajo el volcán adiestra, en su "Sabiduría Secreta", a este nuevo alumno que como un zopilote se le ha asentado sobre el hombro y lee lo que el maestro alquimista, cabalista y "mago", ha escrito:

"Mientras tanto, ¿me imaginas todavía trabajando en el libro intentando aún responder a preguntas tales como: existe una realidad última, externa, consciente y omnipresente, etc., etc., que pueda ser comprendida por cualesquiera medios aceptables a todos los credos y religiones, y que pueda adaptarse a todos los climas y países? ¿O acaso me imaginas entre Misericordia y Comprensión, entre Chesed y Binah (pero aún en Chesed) -mi equilibrio, y el equilibrio lo es todo, precario- oscilando sobre el horrible vacío infranqueable, la vía del todo indiscernible del rayo de Dios que vuelve a Dios? ¡Como si alguna vez hubiera estado en Chesed! Más bien en el Qli-photh. ¡Cuando debiera haber estado escribiendo herméticos volúmenes en verso titulados El triunfo de Humpty Dumty o La nariz de Verruga Luminosa! O, mejor todavía, como Clare, "urdiendo visión aterradora"... Hay un poeta frustrado en cada hombre. Aunque en las circunstancias actuales tal vez sea buena idea fingir cuando menos que se está realizando la gran obra personal sobre la "Sabiduría Secreta" y entonces se pueda afirmar, si nunca se llega a publicar, que el título mismo explica esta falta".

Para enseguida agregar esta queja:

"... Pero, ¡ay del Caballero de la Triste Figura!, ¡oh Yvonne, me persigue tanto el recuerdo de tus canciones" (BV: cap. I, p. 61).

O, un Malcolm Lowry que también es poeta:

"[...] que ofrece poemas a Rilke y a Yeats:

"Ayúdenme a escribir,
Abran las puertas
que hasta el orden conducen
Y rescaten mi alma
De esta jaula
En que mi voluntad
Brama entre rejas" (5).

El mismo Malcolm Lowry, escritor obsesivo que como Gabriel García Márquez, sufre, con cada una de sus obras, "como un condenado poniendo a raya la retórica".

Esta imagen de Gabriel García Márquez sobre la ardua y dolorosa labor de escritura se corresponde con la de Malcolm Lowry que debió leer en la semblanza biográfica que hizo Conrad Knickerbocker, publicada en el número especial de la Revista de la Universidad de México, en 1964:

"Con las furias bajo control, se asentó en la Columbia Británica, aplicándose a elaborar y pulir la novela, con diversas incursiones en Lunar Caustic, en Ballast, y en poesía. A veces le resultaba tan difícil la escritura que llegaba a gemir en voz alta, pero seguía avanzando, escribiendo casi siempre con letra grande sobre cualquier cosa que tuviese a mano: sobres viejos, blocs, al dorso de otros manuscritos, e incluso en las "cartas" de los restaurantes. Cuando se estancaba en alguno de sus proyectos pasaba a otro: "como un xilofonista", comentaba su esposa. Con frecuencia llegaba a reunir hasta veinte versiones diferentes de una misma frase, o de un párrafo, y, a veces, de un capítulo entero que surgía de improviso, terminando por aturdir a Margerie de tanto hacérselo pasar a máquina. Luego, le pedía que escribiese su propia versión, a la que llamaba "Margerie-version" y, a partir de ahí, volvía a empezar de nuevo. En otros períodos posteriores, en que también bebió mucho, por lo menos tomaba notas. A la postre, el éxito, el alcohol, y hasta su amada playa de Dollarton le fallaron, pero su trabajo jamás" (6).

Ese fue el Malcolm Lowry que dedicó nueve años a la escritura, borradores sobre borradores, revisiones sobre revisiones, de Bajo el volcán, primero, un cuento, luego, una primera versión, desaparecida, y, finalmente, a otras tres versiones, la última de las cuales, la cuarta (al fin La Gran Obra).

Esas imágenes de Conrad Knickerbocker, son las mismas que, diez años después, Douglas Day reinterpretó a partir de las notas que aquel le heredara, antes de suicidarse, en la escritura de la que se considera es la biografía oficial de Malcolm Lowry:

"Mientras tanto, el hijo pródigo trabajaba diariamente, encorvado durante horas sobre su improvisado escritorio, mirando fijamente Bajo el volcán y desarrollándose lentamente hasta lo que llegaría a ser después. Empezaba cada mañana, de pie, frente a su escritorio, sostenido sobre el dorso de su mano izquierda (siempre con la palma hacia arriba, a la manera de los monos), y arañando su casi ilegible manuscrito con la derecha. Durante la primera hora, más o menos, Margerie tenía que sentarse totalmente inmóvil, en el cuarto contiguo. Escuchaba ella desde allí profundos suspiros y gemidos. Luego silencio absoluto. Luego unas aspiraciones inquietas y entonces se lanzaba, totalmente insensible a cualquier tipo de ruido que ella pudiera hacer. Ésta era la rutina de cada día, aunque trabajaba un número variable de horas. Rara vez escribió por la tarde; reservaba este tiempo para caminar con Margerie o para leer, o bien para visitar a sus nuevos amigos o, en las noches de los sábados, tomar un baño en la gran tina que Margerie había comprado en Vancouver" (7).

Este estado de ánimo y posesión, de agonía y éxtasis, de Malcolm Lowry, es el mismo que manifestó en sus cartas y del que se tienen en los testimonios de quienes se relacionaron con él durante la escritura de Bajo el volcán y de sus otras obras. La descripción de todo ello es descrito y documentado dramáticamente por Douglas Day en los capítulos V y VI, de su biografía, los cuales se soportan básicamente en los testimonios de Margerie, la que "tenía que sentarse totalmente inmóvil, en el cuarto contiguo" (¿Alguna semejanza con el papel que Mercedes Barcha desempeña durante la escritura de Cien años de soledad?)

Algunas de las cartas y de los testimonios citados por Douglas Day en su biografía, ya habían sido publicados, tanto en inglés como en versiones en español, para 1964 (8).

Ese es el mismo o similar estado de ánimo y trabajo que mejor y con mayor precisión se corresponde con lo expresado por Gabriel García Márquez en su carta a Carlos Fuentes y con las descripciones que, con posterioridad, ha hecho sobre su disciplina y forma de trabajo. Y, por supuesto, con la escritura de Melquíades, el autor de las profecías de los pergaminos.

O, para ser más precisos, en su carta, Gabriel García Márquez bien pudo haber escrito el mismo párrafo que Malcolm Lowry escribiera en Bajo el volcán:

"Mientras tanto, ¿me imaginas todavía trabajando en el libro, intentando aún responder a preguntas tales como: ¿existe una realidad última, externa, consciente y omnipresente, etc., etc., que pueda ser comprendida por cualesquiera medios aceptables a todos los credos y religiones, y que pueda adaptarse a todos los climas y países?" (BV: cap. 1, p. 61).

Las explicaciones anteriores podrían considerase como una interpretación, también plausible, del estado de ánimo de Gabriel García Márquez durante el tiempo de su escritura. Su carta es la expresión del estado de ánimo y posesión, de las agonías y éxtasis, del alumno iniciado en su proceso de transmutación y de "furor" imaginativo.

Pero no es posible dejarse engañar. La "estratagema" de Mercedes pareciera no dejar cabo sin atar. Es necesario incluir en el análisis otros elementos.

Están, por una parte, todas aquellas las historias, reales o ficticias, sobre lo qué sucedió en los tiempos de la escritura de Cien años de soledad:

Aquella historia de la mecanógrafa a la que, al bajarse de un bus en medio de un aguacero, se le caen en un charco de la calle las cuartillas recién mecanografiadas y tiene que secarlas con el calor de una plancha o, aquella otra y tan popular: lo dramático del envió del original a la Editorial Sudamericana en Buenos Aires, que tuvieron que partirlo en dos paquetes, porque no tenían el dinero completo para pagarlo como un único paquete y, ni se diga, la desaparición de ese original, del que sólo restan las pruebas tipográficas, ya material de coleccionistas.

En fin, esa disciplina "suicida de escribir", el aquelarre de los amigos, las consultas, las lecturas, etc., son muchas las anécdotas, las historias, los mitos, las leyendas, que se van incorporando y que es necesario tenerlas en cuenta como parte de la "estratagema" de Mercedes.

Anécdotas, historias, leyendas que se conectan y corresponden, como analogías, con las historias de Malcolm Lowry: los nueve años de escritura de Bajo el volcán y el dramático incendio de la cabaña en Dollarton en el cual casi se quema la última versión y él resultó herido, etc.

Son historias ya convertidas en mitos y leyendas que hacen pensar en el destino, casual o causal, que unen a Bajo el volcán y a Cien años de soledad en una conexión y correspondencia secreta y misteriosa. ¿Quien puede saberlo?

Pero, en este juego de espejos las imágenes se multiplican sin fin y François Rabelais no ha concluido su actuación en este Auto sacramental.

Hay que recordar que François Rabelais fue habitante de ese mundo y esos tiempos en los que los "magos renacentistas" y los maestros alquimistas desataban el "furor de la imaginación" como "el gran poder" y ocultaban sus Opus Magnun tras elaborados y simbólicos lenguajes como forma para evitar ser condenados y consumidos en los fuegos de la Inquisición, un fuego que los privaba de la posibilidad de transmutarse a sí mismos en las llamas de sus forjas mágicas.

Ese será el asunto del siguiente capítulo.


NOTAS

(1) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007 (609 p.), p. XXI.

(2) Conrad Knickerbocker, San Malcolm entre los pájaros, Revista Quimera, Barcelona, No. 53.

(3) Henry James, Los papeles de Aspern, Fabula-Tusquets, Barcelona, 2001, p. 9.

(4) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, homenaje, Cien años de soledad…, p. XXII.

(5) Malcolm Lowry, citado por Douglas Day en su biografía de Malcolm Lowry (Versión de José Emilio Pacheco recogida en No me preguntes cómo pasa el tiempo, Mortiz, México, 1969, p. 103), p. 319.

(6) Conrad Knickerbocker, San Malcolm entre los pájaros, Revista Quimera, Barcelona, No. 53.

(7) Douglas Day, Malcolm Lowry. Una biografía, Fondo de Cultura Económica, México, 1973, pp. 331-332.

(8) Para los interesados en informarse sobre la historia de la escritura de Bajo el volcán y las circunstancias que la rodearon, especialmente, la permanencia de Malcolm Lowry en Cuernavaca y Canadá, recomiendo la biografía de Douglas Day, considerado el biógrafo oficial del escritor:
- Douglas Day, Malcolm Lowry. Una biografía..., capítulos V y VI.

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