viernes, 15 de agosto de 2008

Primera parte. Cap. 7. Desde las entrañas de Bajo el volcán
al "furor" de Cien años de soledad



Primera parte

Capítulo 7

La conexión cinematográfica de Lowry y García Márquez



El discurso de Carlos Fuentes se inicia con una historia del cine mexicano entre 1962 y 1965, de las circunstancias en las que Álvaro Mutis le presentó a Gabriel García Márquez y de cómo se convirtieron en amigos entrañables por el resto de sus vidas.

En un principio, esos párrafos no despertaron ninguna maliciosa sospecha al daimon de la certeza/duda que me habita desde siempre. Tenía todas las apariencias de una historia común y conocida.

Fue más tarde, cuando ya podía identificar las pistas y claves que me permitieron descifrar el código Malcolm Lowry / Bajo el volcán, cuando pude conectar esa participación de Gabriel García Márquez, durante ese período de la historia del cine mexicano, con la escritura de Cien años de soledad, la simbiosis de las relaciones entre Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, así como la presencia de Malcolm Lowry y Bajo el volcán en todo este asunto.

Es bien sabido que tanto Malcolm Lowry como Gabriel García Márquez tuvieron entrañables y extrañas relaciones con el cine, con la escritura para el cine, con los intereses de los productores por sus obras y que son notorios los influjos de esta escritura cinematográfica en sus narrativas, en fin, unas historias y relaciones que, para uno u otro caso, establecen misteriosas y no tan improbables, correspondencias entre ambos, como lo voy a demostrar enseguida.

Desde los años cincuenta y antes de la muerte de Malcolm Lowry, en 1957, existía, en el Hollywood cinematográfico, interés por realizar la versión cinematográfica de Bajo el volcán, interés al que tampoco fueron ajenos los productores mexicanos.

El primero en manifestar este interés fue Orson Wells, quien quiso reunirse con Lowry, sin lograrlo. Otros de los interesados fueron: John Ford, así como unos productores alemanes a través de Clemensten Holder y unos años más tarde el director José Quintero.

Pero fue sólo hasta 1962, ya estando radicado Gabriel García Márquez en Ciudad de México, cuando Margerie, la esposa de Malcolm Lowry, le vendió al actor Zachary Scoott los derechos cinematográficos de Bajo el volcán, a lo que sigue una historia de veinte años de dilaciones causadas por las condiciones impuestas por Margerie sobre el guión y el guionista. Historia que culmina con la versión de John Huston.

Pero, antes que concluya esa historia, en ella también se va a involucrar a Gabriel García Márquez.

Luego de la muerte de Zachary Scoott, su esposa, Ruth Ford, vendió los derechos a dos productores franceses, Robert y Ramond Hakim, quienes habían sido los productores de Belle do Jour, la famosa película de Luis Buñuel, al que consideraban el más adecuado para realizar la versión de Bajo el volcán, porque conocían de la admiración del director español por la novela de Malcolm Lowry, a la que ya le había hecho un homenaje en su película Los olvidados (1950). Como Margerie rechazó al actor propuesto por Buñuel para representar el papel del Cónsul, se le descartó para dirigir la película y el proyecto se volvió a paralizar.

En la puja que siguió por dirigir la realización de la versión cinematográfica de Bajo el volcán, muchos grandes directores se mostraron interesados, entre ellos: Alan Bridges, Joseph Losey, Tony Richardson, Ken Rusell, Joseph Stricky, Anthony Harvey.

Sin embargo y en algún momento que desconozco, fue el productor mexicano Luis Barranco quien obtuvo esos derechos y para quien, por razones que no se conocen pero que presiento, Gabriel García Márquez "tenía que ser el guionista". Luis Barranco, que quería a Paul Leduc como director. Luis Barranco sabía que Gabriel García Márquez era un guionista y escritor reconocido por los cineastas mexicanos y españoles radicados en México. Luis Barranco tampoco logró realizar el proyecto (1).

Pero se necesitaban mejores razones que esas para que lo prefiriera por sobre otros en esa labor: Luis Barranco sabía que Gabriel García Márquez era un conocedor y admirador de la obra de Malcolm Lowry y, en especial, de su novela Bajo el volcán. Debió estar al tanto del secreto y se comprometió guardarlo. Es necesario verificar las fechas en las cuales se sucedieron estos eventos, porque sería más asombroso todavía que coincidieran con algún momento cercano a 1964.

Así pues que para 1962, Gabriel García Márquez ya estaba radicado en Ciudad de México y ya se relacionaba con los intelectuales y cineastas mexicanos, incluidos los españoles del exilio.

En el seno de esa camarilla, cineasta y cinéfila mexicana, debió ser notoria la expectativa por las noticias e intrigas que se sucedían en el Hollywood cinematográfico por la realización de la versión cinematográfica de Bajo el volcán. Noticias e intrigas de las que Luis Buñuel, también radicado en México para ese entonces, debió ser informado por su amigos de Los Ángeles, quienes mantenían el interés de que él regresara a dirigir en Hollywood, en donde había trabajado en la industria cinematográfica desde 1938 hasta 1946 cuando se radicó en México. Como ya dije, Luis Buñuel era un viejo conocedor y admirador de la novela de Malcolm Lowry y con antecedentes en el asunto.

En consecuencia y además de lo anterior, debió ser notable el interés que despertara entre los intelectuales, cineastas mexicanos y españoles expatriados, tanto la historia como la obra de Malcolm Lowry, porque en 1964, Editorial Era publicó en México la traducción al español de Raúl Ortiz y Ortiz de Bajo el volcán y las revistas culturales y universitarias mexicanas empezaron a publicar sus cartas y escritos inéditos, así como ensayos sobre su vida y obra que también, debieron circular publicaciones en inglés.

Por ejemplo, la Revista de la Universidad de México publicó en el volumen XIX, número 3, de noviembre de 1964, p. 4, la primera versión en español del cuento que, con el título de Bajo el volcán, escribió Malcolm Lowry en Cuernavaca, en 1937 y que, como dije atrás, fue el origen de la novela, cuento que luego fuera transformado en el capítulo VIII de la misma. Igualmente, en el mismo número publicaron versiones en español de sus cartas y la semblanza biográfica que escribiera Conrad Knickerbocker.

En los capítulos anteriores ya he anotado algunas otras traducciones y publicaciones al español tanto de escritos de Malcolm Lowry como de artículos sobre su obra que se publicaron en México en 1964 y que figuran en el catálogo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y en la biografía que escribió Douglas Day.

¿Extraño que esto sucediera justo un año antes de que ocurriera “la iluminación camino de Cuernavaca" y que Gabriel García Márquez iniciara la escritura de Cien años de soledad? De ninguna manera.

Pero si esa es la historia externa de las conexiones y correspondencias del cine con Bajo el volcán, más asombrosos motivos simbólicos en la intimidad de la novela.

En Bajo el volcán el cine es un símbolo misterioso que se hace presente con el anuncio varias veces repetido de la proyección de la película, así como la presencia de una sala de cine con notorios motivos trágicos:

"Peter Lorre en Las manos de Orlac: a las 6.30 pm." (BV: cap. 7, p. 251).

Queda pendiente desvelar el misterio de Las manos de Orlac.

El cine en Cien años de soledad también tiene una presencia importante, por una parte como uno de los portentos que, desde el "exterior", invaden a Macondo y de forma especial en el romance de Meme y Mauricio Babilonia, el hombre de las mariposas amarillas:

"Fue entonces cuando cayó en la cuenta de las mariposas amarillas que precedían las apariciones de Mauricio Babilonia. Las había visto antes, sobre todo en el taller de mecánica, y había pensado que estaban fascinadas por el olor de la pintura. Alguna vez las había sentido revoloteando sobre su cabeza en la penumbra del cine" (CAS: p. 327).

Como portento de las magias de la ciencia, esto fue lo que sucedió la primera vez que aparece el cine en Macondo:

"Se indignaron con las imágenes vivas que el próspero comerciante don Bruno Crespi proyectaba en el teatro con taquillas de bocas de león, porque un personaje muerto y sepultado en una película, y por cuya desgracia se derramaron lágrimas de aflicción, reapareció vivo y convertido en árabe en la película siguiente.

El público que pagaba dos centavos para compartir las vicisitudes de los personajes, no piado soportar aquella burla inaudita y rompió la silletería. El alcalde, a instancias de don Bruno Crespi, explicó mediante un bando que el cine era una máquina de ilusión que no merecía los desbordamientos pasionales del público. Ante la desalentadora explicación, muchos estimaron que habían sido víctimas de un nuevo y aparatoso asunto de gitanos, de modo que optaron por no volver al cine, considerando que ya tenían bastante con sus propias penas para llorar por fingidas desventuras de seres imaginarios" (CAS: p. 257).

Son otros los sucesos que suceden en Cien años de soledad relacionados con el cine, pero, para el asunto que estoy tratando, no es necesario insistir en ellos. Lo que si es importante es que esta historia del cine y sus conexiones y correspondencias con Cien años de soledad y Gabriel García Márquez no ha terminado, así que en el siguiente capítulo demostraré como un tema musical/literario también se incorpora a esta madeja cinematográfica.


NOTAS

(1) Julius Neelley, Persiguiendo el volcán, Revista Quimera No. 53, Barcelona, p. 81.

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Lowry-García Márquez por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.